Planeta Simbiótico

Planeta Simbiótico



Por
Lorena Lozano

 

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En los últimos días de la primavera descubrimos un ejemplar de Orobanche en el Patio Sur de ecoLAB, una planta herbácea pequeña que crece arrimada al muro, al pie de una hiedra. Asoma como un extraño vástago color amarillo paja, sus flores tienen forma de lengua de dragón y sus tallos son escamosos. Es un género de plantas que carecen totalmente de clorofila y florecen en primavera, el resto del año no hay ninguna parte de estas plantas visible sobre la superficie del suelo. Como no tienen clorofila son totalmente dependientes de otras plantas, es decir, son parásitas.  Las semillas unen sus raíces a las de las plantas huésped próximas para tomar el agua y los nutrientes. Algunas especies parasitan únicamente a una determinada especie de planta, otras pueden parasitar varios géneros y llegar a ser consideradas una gran amenaza para algunas cosechas de girasol, entre otros cultivos.

Orobanche Spp.

Curiosa relación la del parasitismo, un ménage à deux que ha adquirido un tizne peyorativo dada su potencialidad de provocar desequilibrios en los sistemas agrícolas y disminuir el beneficio y productividad humana. ¿Hasta qué punto la situación es desfavorable para el parasitado? ¿Cómo gestionan independencia y autonomía los organismos implicados? ¿Cómo ha surgido y cómo evoluciona tal tipo de relación? Los estudios de bilogía evolutiva proponen modelos que responden a estas preguntas. Darwin mantenía que la novedad biológica proviene de las mutaciones aleatorias (errores genéticos) en un proceso gradual que causa la aparición de nuevos individuos y sobre el que actúa el entorno como  selección natural de los individuos mejor adaptados. Proponía una naturaleza estática con recursos limitados en la que las especies y los individuos luchan por encontrar un hueco, como una superficie restringida que, cuando está completa, al insertar una nueva especie o un nuevo individuo otra queda desplazada[2]. Sin embargo, las investigaciones en biología molecular y genética han demostrado que la expresión genética está condicionada por patrones de desarrollo y factores ambientales y que la influencia de las fluctuaciones del medio pueden llegar a tener un fuerte impacto capaz de generar cambios de estado e innovaciones biológicas. Además, Lynn Margulis propone la teoría de la simbiogénesis, según la cual,  los individuos diferentes se reúnen para crear entidades más grandes y complejas. Los «individuos» permanentemente se fusionan y regulan su reproducción. Generan nuevas poblaciones que se convierten en individuos simbióticos multiunitarios nuevos, los cuales se convierten en «nuevos individuos» en niveles más amplios e inclusivos de integración.[3] Una visión de la evolución por incorporación genética en la que los organismos tenderíamos a organizarnos en consorcios y que considera animales, plantas y, en general, todos los pluricelulares no como seres individuales, si no como comunidades de células autoorganizadas, y otorga a dichas células la máxima potencialidad evolutiva. Así, el motor de la evolución serían las bacterias, artífices de esta complejidad y de los actuales refinamientos de los diferentes organismos. Las relaciones que en principio pudieron ser parasitarias, llegaron a ser mutualistas y los organismos implicados sacarían provecho de las diferentes  especialidades de ambos. La selección natural afinaría todo el proceso y la colaboración entre individuos regiría la organización del individuo en complejidad creciente. Frente a la concepción darwiniana de competencia en las dinámicas entre los seres vivos y los recursos del entorno, Margulyshace hincapié en la capacidad de la propia vida para modificar el ambiente y generar nuevos recursos[4]. Su modelo no es gradual, implica un suceso brusco y altamente creativo, dominado por una fuerte necesidad, por el movimiento de los cuerpos, las fuerzas y la relaciones de los mismos, en el que conciencia y pensamiento son consecuencia de un estado altamente organizado de la materia.

Si hablamos de organismos, no como meras máquinas de supervivencia controladas por los genes, si no desde su complejidad jerárquica en todos sus niveles, en sus aspectos dinámicos, relacionales y no lineales, ¿cómo son las relaciones en tales niveles de complejidad y especialización? ¿De qué manera un ser vivo puede intercambiar materia, energía e información con tal de alcanzar independencia respecto de las fluctuaciones externas? En este sentido la biología sistémica propone el estudio del funcionamiento de los sistemas (procesos) biológicos desde el entendimiento de cómo sus interacciones internas y con otros sistemas conllevan a la aparición (emergencia) de nuevas propiedades[5].

Volviendo a nuestro encuentro casual con la Orobanche, quizás pudiésemos definir su relación parasitaria con la Hiedra como un cortejo evolutivo, metáfora de las primeras aproximaciones que pudieran dar lugar en un tiempo geológico a una relación simbiótica de mutuo beneficio. Aún así, no profundizamos en la complejidad del sistema de relaciones que se establecen, los patrones dinámicos de la naturaleza. Busquemos pues, una dinámica factible para la emergencia y hagamos un ejercicio de analogía biológica. Veánse, por ejemplo, las dinámicas culturales del arte, que según Pau Alsina, pueden devenir abiertas, emergentes e impredecibles[6] y pongamos por caso, el SummerLAB de Gijón[7], un encuentro-agregación de Cultura Libre de creadores, hackers y artistas que trabajan de forma colaborativa. Difícil tarea la de analizar la estructura de este evento cultural y sus dinámicas de intercambio de materia, energía e información, si además sumamos un nuevo nivel de complejidad: el de las relaciones humanas y sociales.

Pavellón del SummerLAB
Foto: Noé Baranda

Nodo Cocina en el SummerLAB
Foto: Archivo SummerLAB

En pocas palabras se trata de un grupo de unas 100 personas alojadas durante una semana en el camping próximo al Centro de arte LABoral. Tienen acceso a servicios básicos de higiene, comida y transporte en bicicleta y trabajan en un pabellón de XXXX metros cuadrados con facilidades de uso de  ordenadores, taller de fabricación digital y electrónica y jardín-huerto. Su organización reproduce la manera en que el software libre es desarrollado, no hay jerarquía, tan solo la creación de un contexto donde el deseo libre y la ayuda mutua fluyen al servicio de la creación. Los eventos que se suceden en el espacio de trabajo se estructuran en nodos o áreas de interés donde se cruzan las múltiples propuestas. Imaginémoslo como un acoplamiento corporal estructural, un sustrato tecnológico prediseñado que funciona a través de una red que, a su vez, consiste en múltiples niveles de subredes sensorio-motrices interconectadas. El uso de los recursos disponibles por parte de ambos organismos implicados se especifica en un presupuesto público que relaciona flujos económicos de gastos, ingresos y capital simbólico que conllevan la producción del evento[8]. En cuanto a los contenidos, este año se reunieron creadores que investigan continuamente los ámbitos del cuerpo, del arte y del espacio y que analizan el potencial comunicativo y transformador de la tecnología. Hubo talleres, presentaciones de investigaciones en urbanismo, de artes rituales y teoría trans-feminista, performances Cyborg, visualización de datos generados por sensores, talleres de software libre, participación de niños y niñas como creadores y consumidores de tecnología, etc. La mixtura de contenidos generados, ahondan en la tecno-cultura, la naturaleza, el ciberespacio y el cuerpo humano como frontera final[9],  rozando en gran medida el ideal utópico de fusión entre arte y vida y la cuestión de la creación en sí misma. Una exploración artística que conecta a nivel de lo micro-político -del bienestar físico y psíquico, la sexualidad- con la esfera de lo macro-político en los procesos tecnológicos y ecológicos. Realidades que al funcionar, dibujan una autoorganización de los contenidos mentales cuyos resultados son impredecibles y cuya emergencia reside en la forma en que estas prácticas artísticas cambian lo que nosotros pensamos y sentimos sobre el mundo[10].

Galaxia nodal-Plataforma para generar circuitos en SummerLAB Kids

Geocaching-Semillas de Caléndula con Tansnational Temps

En esa analogía biológica, ¿por qué no considerar este evento cultural como consorcio-célula-organismo, que se inserta en otro de mayor tamaño y complejidad, la institución cultural, generando contenidos culturales y tecnológicos innovadores? Los dos entes implicados comparten espacio y gestionan independencia y autonomía con la apertura de los procesos de producción de contenidos y de recursos, adaptando sus políticas y éticas para una convivencia creativa. Un organismo semi-autónomo donde mutaciones y endosimbiosis no cesan de fabricar otros organismos orgánicos o no orgánicos, un vivero de creación, laboratorio de ideas y de convivencias con un grandísimo potencial comunicativo y transformador. Una metodología de investigación adaptable, plausible y conveniente de ser aplicada, no sólo a las practicas artísticas y tecno-ciencias, sino también a las enseñanzas de cualquier campo del conocimiento. Podríamos incluso considerar este tipo de prácticas como uno de esos cambios puntuales y radicales que apunta Margulis en la simbiogénesis: la variedad que se genera en este encuentro, sus múltiples naturalezas, pensados como una antesala de nuevas especies de organismos que desarrollan un lenguaje y técnicas que abordan el problema del control y la comunicación entre animal y máquina, o quizás una búsqueda de aquella piedra filosofal que deviene hoy en día generación de emociones a través de canales informáticos.

Durante el SummerLAB, el equipo de ecoLAB, trabajó de forma inter-nodal creando un micro-jardín controlado por sensores en condiciones in-doors,  participando en el nodo de cocina usando parte de los residuos generados orgánicos para su compostera, colaborando en una cartografía de recursos del Arco Atlántico con Tabacalera y en la colocación de un geo-localizador en el jardín. Dialogamos con los jardines OKO GardenYo-Yo Garden de Bélgica y República Checa sobre el delicado momento evolutivo de las abejas y fantaseamos sobre la posibilidad de un posible proyecto en común: por qué no,  la construcción de un jardín global, abierto, conectado, relacional. El Patio Sur, fue también fantasía imaginada tal y como la artista brasileña Cinthia Mendoza nos propuso durante el SummerLAB con su proyecto Un Jardín para Epicuro. Tomando como referencia la escuela de filosofía de Epicuro dedicada a enseñar la filosofía del jardín en las afueras de Atenas, y propone la construcción social del cuerpo a través de campos de fuerzas. Nos ofrece el jardín como cuerpo definido por proposiciones atomistas, cinéticas y dinámicas, como grupo infinito de partículas que se relacionan según las diferentes velocidades de las partículas, que a su vez definen las particularidades de cada cuerpo. Con sensores electrónicos aplicados en el jardín del Patios Sur, se recogieron datos de temperatura, luz y humedad que eran transferidos a un ordenador. La artista y su compañero en Brasil, realizan la traducción al lenguaje de la programación informática, en la que, a los parámetros recibidos por los sensores, se les otorga valores bajo criterios de campos de fuerzas, espacialidad y movimiento y que a su vez, corresponden a una visualización gráfica. La pantalla del ordenador proyecta una imagen que está siendo generada a tiempo real y que visualiza el movimiento de agregación y separación de líneas y bolas, resultado del diálogo de los creadores que abstrae las condiciones ambientales del jardín para llegar a un lugar común de la semántica. La simplicidad, inscrita en la complejidad de la naturaleza, se pone de manifiesto a través de grandes cantidades de computación y desarrollos lógicos y conceptuales, y a través del lenguaje poético.

Foto: Noé Baranda

Presentación de un Jardín para Epicuro

Por lo demás y haciendo balance del trabajo en el no-jardín de ecoLAB de los últimos meses, hemos realizado la plantación y cultivo de las primeras hierbas culinarias y hortalizas, la colocación del sistema de riego para la huerta y la construcción de una poza que recoge el agua de lluvia para el riego y se concibe en el entorno como motor generador de vida…la parte más salvaje del jardín, sin más herramientas que una hoz y unos ojos atentos, nos ofrece, además de extrañas plantas sin clorofila, hierbas curativas de la mente, como la Hierba de San Juan, y especímenes tan inesperados como pródigos de la venenosa Datura estramonio.

Construcción de poza de agua en el Patio Sur

Esta apretada deriva sobre evolución y complejidad del Planeta Simbiótico, nos conduciría a interrogarnos  sobre la naturaleza del ser humano, su reproducción, sus capacidades psíquicas y sus rituales, su relación intrínseca con la tierra y la tecnología -temas que podríamos abordar en próximos artículos. Lo dejamos ahí, en ese lugar común y ese cuerpo no separado de sus relaciones con el mundo y os invitamos a la exposición que se abrirá el 30 de septiembre y en la que se mostrará el progreso de ecoLAB en el Almacén Sur de LABoral, donde saborearemos los frutos de una cosecha de 8 días de trabajo y encuentro y 8 meses de infinitas relaciones y procesos.

Reunión de ecoLAB con YoYo y Oko Garden durante el SummerLAB

Datura estramonio


[1]

Título tomado del libro Planeta Simbiótico, un nuevo punto de vista sobre la evolución de Lynn Margulis, 2002.

Foto de cabecera: mural creado durante el summerLAB, ofrendas y símbolos de la tecnocultura, proyecto de artes rituales y tecnochamanismo de Fabi Borges & Camila Mellos

[2] La visión de Darwin fue en su época, altamente influenciada por las teorías demográficas de Thomas Malthus,quien sostenía quela capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre, siendo la pobreza de las masas  simple consecuencia del instinto de reproducción del hombre, independiente de los síntomas y condiciones sociales de la época. El festín de la naturaleza de Malthus se impuso como el modelo demográfico deseable para el florecimiento de la ciudad moderna e industrial y se amplió con Darwin, a todos los seres vivos del planeta. A pesar de las connotaciones morales y culturales que arrastra, sus teorías siguen vigentes y han sido ampliamente respaldadas desde hace un siglo y medio por la comunidad científica.

[3] El botánico alemán Anton de Bary en 1873 acuñó el término “simbiosis” y la definió como «la vida en conjunción de dos organismos disimilares, normalmente en íntima asociación, y por lo general con efectos benéficos para al menos uno de ellos».La simbiosis suele identificarse con las relaciones simbióticas mutualistas, que son aquellas en las que todos los simbiontes salen beneficiados. Por analogía, en sociología, puede referirse a sociedades y colectivos basados en la colectividad y la solidaridad. El término «simbiogénesis» es de Konstantin Mereschkowski (1855-1921), que Margulys rescata y con el que define el núcleo central de su propuesta para la biología evolutiva. En la endosimbiosis, el simbionte vive o bien en el interior de las células del anfitrión, o bien en el espacio entre éstas.

[4] Lynn Margulis, Planeta Simbiótico, Teoría de la Simbiogénesis, http://es.wikipedia.org/wiki/Lynn_Margulis

[5] La vida desde una perspectiva holística, sintética y sistémica, que también puede conllevar consideraciones filosóficas y políticas.

[6] Pau Alsina,  Omnes et Singulatim: Arte, complejidad y emergencia. Revsita Zehar  66, Edita Arteleku, 2011, p. 78

[7] SummerCamp o SummerLAB, celebrado en su tercera edición del 2 al 6 de Agosto en LABoral Centro de Arte, Gijón y organizado por Pedro Soler.

[8] Los participantes acceden y opinan sobre los gastos asumidos por el anfitrión (LABoral) y el huésped (Summerlab). Ambos comparten la producción, asumiendo el Summerlab una partida económica para transporte, alojamiento, dietas, cocina, materiales, comunicación, documentación y estando a cargo de LABoral los servicios de coordinación, prensa, limpieza, vigilancia, electricidad, Internet y agua. Más info: Ctrl+alt+supr- sobre prácticas, supervivencias, luchas y otros cuentos en la produción cultural / Investigación, análisis y visibilización de la estructura cultural y sus relaciones.

[9] En este sentido, cabe destacar el trabajo de Biogame, un juego virtual que usa de sensores galvánicos de respuesta a la piel y cuya data generada como algoritmos definen las reglas del juego. Está basado en la película de cultura cyberpunk de Shu Lea Cheang’s, una narrativa de ficción en la que UKI, un orgasmo muerto transformado en virus, comienza un intercambio sexual por medio de códigos de spam. Mobilizando a los agentes virales multiplicados -los jugadores del juego-, UKI llega a infectar la ciudad y penetrar en el bionet saboteando la producción de organismos.

[10] Pau Alsina, Omnes et Singulatim: Arte, complejidad y emergencia. Revsita Zehar  66, Edita Arteleku, 2011, p.78